Por Mario Holguín
Entre 1982 y 1986, José Francisco Peña Gómez ejerció como Síndico del Distrito Nacional en un momento histórico para la República Dominicana. El país vivía los primeros años de consolidación democrática tras largos periodos de autoritarismo, y Peña Gómez, líder indiscutible del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y figura emergente a nivel nacional, convirtió la alcaldía en un laboratorio de buena gestión y transformación urbana.
Entre las iniciativas más impactantes de su gestión fue el ambicioso programa de pavimentación de calles y avenidas de la capital. Después de décadas de deterioro de la infraestructura vial, Peña Gómez impulsó un plan agresivo de asfaltado que abarcó barrios populares y vías principales.
Este esfuerzo incluyó la instalación de una planta de asfalto en la Carretera Sánchez, en Haina, gerenciada por el Ayuntamiento de entonces, que también puso en operación modernas maquinarias de asfaltado con grandes calderas, tecnología avanzada para la época en el país. Estas máquinas se desplazaban por las vías deterioradas y dejaban a su paso calles completamente renovadas, con acabado profesional y duradero. Los viejos residentes de sectores como Villa Juana guardan hasta hoy el recuerdo vivo de aquellas obras que cambiaron el rostro de sus comunidades.
Lo que distinguió particularmente la gestión de Peña Gómez fue su capacidad para articular apoyo internacional a través de sus amplias relaciones en la Internacional Socialista (IS), de la cual era Vicepresidente y Presidente del Comité para América Latina y el Caribe, lo recordamos porque se repetía tantas veces que no es posible olvidar.
En un momento clave para la democracia dominicana y para sus propias aspiraciones presidenciales, Peña Gómez contó con la colaboración técnica y material de amigos y líderes socialdemócratas de Europa y América Latina. Esta cooperación se tradujo en asistencia técnica, transferencia de conocimiento y apoyo en equipos y materiales para las obras de infraestructura vial y de embellecimiento urbano.
Figuras como Felipe González (España), Mário Soares (Portugal), Willy Brandt (Alemania) y otros líderes de la IS representaban no solo un respaldo político, sino también una red que facilitó recursos y expertise en un país que aún enfrentaba serias limitaciones presupuestarias. Esta colaboración internacional fue fundamental para que su gestión alcanzara un nivel de eficiencia y visibilidad que pocos alcaldes habían logrado anteriormente.
Más allá del asfaltado, su administración impulsó la plantación masiva de árboles ornamentales, la construcción de aceras y contenes, y obras emblemáticas como la Plaza Güibia en el Malecón. Todo ello formaba parte de una visión integral de ciudad: más ordenada, más bella y más digna para sus habitantes.
Peña Gómez demostró que era posible gobernar con honestidad y eficiencia, cualidades que fortalecieron su imagen nacional y consolidaron su perfil como uno de los principales líderes políticos de su generación, condición reconocida por el más importante líder político de la actualidad, el Dr. Leonel Fernández.
La iniciativa de Peña Gómez, la consideramos pionera en su momento y constituyó uno de los primeros esfuerzos modernos y sistemáticos por mejorar la movilidad segura en la capital dominicana después de la era trujillista. Él entendió tempranamente que una ciudad con calles dignas y seguras no era solo una cuestión de imagen, sino un derecho ciudadano fundamental que impactaba directamente en la vida diaria, la productividad y la seguridad de miles de familias capitalinas.
A pesar de su trascendencia, su legado es paradójicamente poco recordado. Aunque el partido que lideró y llevó al gobierno en más de una ocasión, sigue siendo parte del sistema político dominicano. La figura detacada de la democracia dominicana como gestor municipal y transformador de la capital ha quedado relativamente opacada con el paso del tiempo. Un olvido injusto para quien dejó huellas concretas en el día a día de los capitalinos.

