Por: Rosa Mezquita
Octubre de 2026
Con 6.6 millones de vehículos registrados y 604 unidades por cada mil habitantes, República Dominicana enfrenta las consecuencias de un crecimiento vehicular que supera la capacidad de respuesta de su sistema de movilidad.
La velocidad descontrolada con la que se multiplican los vehículos frente a la población ha provocado un colapso que cierra las calles y asfixia a nuestras ciudades. El reciente informe de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) revela un panorama preocupante debido a que el país registra una tasa de 604 vehículos por cada mil habitantes, atribuida al 2025. Esta cifra confirma una realidad innegable, la flotilla vehicular desbordó por completo la capacidad de la infraestructura vial actual.
A nivel general, para ese mismo período, el parque automotor nacional acumuló la monstruosa cifra de 6,640,871 unidades registradas tras experimentar un crecimiento expansivo del 37.14 % en los últimos cinco años. Las estadísticas de la ONE dejan en evidencia que este crecimiento desmedido no responde a una estrategia de transporte planificada, sino a una búsqueda desesperada de soluciones individuales ante la falta de alternativas.
El parque vehicular sufre un alarmante predominio de dos ruedas, porque las motocicletas constituyen el componente mayoritario con un 57.93 % del volumen total, sumando 3,846,694 unidades que equivalen a 350 motores por cada mil habitantes. Por su parte, el Distrito Nacional se encuentra bajo un escenario de saturación extrema con una acumulación insólita de 20,791 vehículos por kilómetro cuadrado. Esta bomba de tiempo vial se agrava por la marginalidad del transporte masivo, ya que la disponibilidad
de vehículos destinados formalmente al transporte público de pasajeros es de apenas 194 unidades por cada mil habitantes frente al desproporcionado crecimiento privado.
Este excesivo aumento de vehículos privados representa una seria falla estructural del sistema de transporte de pasajeros en el país. Los ciudadanos terminan atrapados en la obligación de buscar soluciones individuales de movilidad. Optan mayoritariamente por motocicletas debido a su bajo costo y facilidad para esquivar los entaponamientos, intentando compensar la ausencia de líneas de tránsito público integradas, puntuales y seguras. El costo de este caos se traduce en ineficiencia económica, pérdida de horas productivas y un severo impacto ambiental por el incremento sostenido en las emisiones de Dióxido de Carbono.
Por ello entendemos que, por el momento, seguir construyendo elevados y túneles no es una solución suficiente. Lo sensato no es acomodar más vehículos en el desborde diario, sino invertir con fuerza en un transporte público masivo, efectivo y eficiente que conecte las principales provincias, pues sólo garantizando un transporte colectivo ordenado y funcional lograremos que los ciudadanos dejen sus vehículos en casa, se reduzca el flujo vehicular y mejore la circulación vial.

