Imagen de una calle del Distrito Nacional, R.D.-
Por: Rosa Mezquita
Santo Domingo, Octubre 2026.- La naturaleza no negocia y la actual vaguada vuelve a evidenciar la precariedad de nuestra infraestructura vial. Cada vez que llueve significativamente, el Gran Santo Domingo colapsa y se convierte en una trampa de alto riesgo para sus ciudadanos. Mientras las alertas meteorológicas se quedan en anuncios preventivos, la realidad en las calles es la de una capital desprotegida; donde sectores como Gazcue, Arroyo Hondo, Los Prados, entre otros, se inundan y las principales avenidas se convierten en ríos, dando inicio a la “Crónica de una capital ahogada” por falta de planificación.
Este panorama no nos sorprende, ya que es producto de un crecimiento inmobiliario vertical acelerado que las autoridades actuales no han acompañado con la adecuación del drenaje profundo correspondiente. La falta de coordinación técnica es evidente al observar cómo los imbornales y registros pluviales son sepultados bajo el asfalto durante los operativos de pavimentación. La congestión vehicular y los vehículos dañados durante esta vaguada demuestran una preocupante distorsión en las prioridades del Estado que prefiere invertir en proyección pública antes que en la ingeniería hidráulica que la ciudad necesita con urgencia.
Datos ofrecidos por el INDOMET y el Centro de Operaciones de Emergencias COE revelan la magnitud del problema y la incapacidad de absorción de la ciudad. El sistema de drenaje pluvial de Santo Domingo fue diseñado para soportar un promedio máximo de 30 a 50 milímetros de lluvia por metro cuadrado en 24 horas. Sin embargo, las vaguadas actuales acumulan rápidamente 113 milímetros de lluvia en un día, con picos extremos que superan hasta 400 milímetros. La realidad exige que las estructuras subterráneas manejen un flujo de entre 100 y 150 milímetros de agua por hora. Adicional a esto, los análisis operativos de la CAASD indican que el problema se agudiza debido a los desechos sólidos acumulados en las calles que obstruyen y anulan la poca capacidad de succión instalada.
La solución a este problema ya está documentada. El Plan Maestro de Alcantarillado del Gran Santo Domingo, cuya visión de diseño e ingeniería se estructuró y completó formalmente en 2012 al cierre del tercer mandato del expresidente Leonel Fernández con el respaldo del BID, presentó una solución integral a la problemática, pero su ejecución fue paralizada durante administraciones posteriores en 2014. Al día de hoy, datos oficiales confirman que apenas se construyó el treinta por ciento de la estructura proyectada originalmente, dejando el setenta por ciento de la metrópoli en el desamparo hidráulico absoluto. Por ello, eventos como los ocurridos en noviembre de 2022 y 2023 se repiten constantemente.
La respuesta gubernamental se ha caracterizado por la postergación y la lentitud, pese a que en 2024 las autoridades se comprometieron a incluir la remodelación del drenaje de la capital en el presupuesto de 2025, el Presupuesto General de la Nación para 2026 demuestra que los proyectos de alto impacto subterráneo fueron nuevamente desplazados por el gasto en infraestructura vial superficial y conectividad institucional.
Megaproyectos como la segunda fase de saneamiento de la cañada de Guajimía en Santo Domingo Oeste, cuyos fondos de inversión internacional por 50 Millones de dólares fueron gestionados desde el año 2020, avanzan a paso lento; lo cual contrasta con la ejecución exitosa de la primera fase de 2005 a 2011, bajo el mandato del expresidente Fernandez con una inversión de 83 millones de dólares financiados por el gobierno de Canadá.
En consonancia con la Secretaría de Seguridad Vial de la Fuerza del Pueblo (SESVIAL-FP) sobre la necesidad de una movilidad segura, planteo que la ciudadanía merece una respuesta institucional a la altura de sus aportes impositivos y no el abandono en momentos de crisis. Desde una postura crítica pero constructiva, considero indispensable que Obras Públicas, las alcaldías y el gobierno central asuman el compromiso de ejecutar con celeridad el plan integral de drenaje pluvial.
El agua de esta vaguada eventualmente bajará, pero la responsabilidad de transformar el sistema vial corresponde a una administración pública que no puede continuar priorizando la propaganda y postergando las soluciones reales.

