Una historia poco recordada

Mario Holguín

Esta es una historia poco conocida ocurrida 23 años antes de Leonel Fernández ser Presidente de la República por primera vez, y que me permito referir por lo emotiva que nos hace recordarla con el tiempo.

Un hecho profundamente lamentable que marcó nuestra juventud fue la partida a destiempo de un gran amigo, vecino del barrio y compañero de faena pedagógica, se trata del joven poeta Domingo de los Santos.

Aquella tarde transcurría como cualquier otra. Tras concluir nuestras labores docentes en el Colegio Cristóbal Colón, nos despedimos en un ambiente fraternal donde compartíamos el profesor Otilio Mercedes, Leonel Fernández y yo. Cuando despedimos a Leonel el profesor Otilio exclamaba: ¡Ese muchacho va a ser presidente! Mientras Leonel se alejaba con saco en un braza y volumisosos libros en el otro. Poco tiempo después de esa cotidiana despedida, recibimos una noticia desgarradora: Domingo había fallecido repentinamente en su casa mientras almorzaba.

Consternado, corrí de inmediato hacia su casa. Sin embargo, al llegar, me informaron que Leonel, quien también vivía muy cerca,  ya se había marchado con prisa. Su objetivo era redactar y colocar la nota luctuosa en las páginas de algún periódico, según nos confesara después.

Este trágico suceso marcó un punto de inflexión decisivo. Fue a partir de ese instante cuando Leonel Fernández estableció una relación indisoluble con don Juan Bosch, consolidando y profundizando un vínculo intelectual y político que, poco tiempo atrás, la lectura y debates de Cien años de soledad ya había comenzado a germinar.